De nuevo en el roco sigo contando, ahora los minutos. Me tocan 30 de bloque.
Descanso 300 segundos y me empleo con las traves de continuidad, sobre todos los cantos. A veces siento perder el rumbo. Se me olvida contar y ya no sé si el 8 va detrás del 7 o me colapso en el 257. Y es que llegado este punto, me da lo mismo ocho que ochenta.
Entramos en la tercera semana y mis manos aún aguantan quince minutos sin bajarme del panel. Pero la piel me va quemando y siento como un calor que me nace de dentro, de muy adentro, pugna por salir, incendiandome la cara y convirtiendo mis pequeños antebrazos en auténticos troncos de roble.
El otro día y desoyendo mi rectitud filosófica entré una tienda de chinos. Revolviendo en una caja de imanes, ((me encantan y pueblan mi frigorífico dándole la vida que su interior no tiene)), a lo que iba, el otro día, revolviendo en una caja de imanes encontré éste que vereis a continuación. Inmediatamente me hice con él. Me encanta ese número en rosa, con un eguzkilore como el que da la bienvenida a mis huespedes en casa, con un duende escalando su oronda panza. Ojala este año regresemos a ese número mágico que abandonamos no por otra empresa menor, de nombre K y que pone siempre la sonrisa en nuestra cara.